CÓMO CUIDAR DE ALGUIEN QUE SUFRE UNA ENFERMEDAD PSIQUIÁTRICA

5 puntos clave para cuidar de un ser querido con una enfermedad mental

Las veces que te he hablado un poco de mi historia personal  y de cómo ésta ha influenciado en mi trayectoria profesional,  siempre te he explicado que mi hermano mayor enfermó y falleció tras años de lucha cuando solo tenía 29 años.

Seguramente éste ha sido el episodio más duro que me ha tocado vivir en mi vida, y sin ninguna duda ha marcado a mi yo adulto, no lo negaré. Pero  “mi gran trauma”, mi piedra en el zapato y aquello que marcó mi infancia, adolescencia y parte de mi juventud fue sin duda otra enfermedad, en este caso por parte de mi padre.

Ya ves que parece que los hombres de mi vida están predestinados a tener un papel importante en mi historia ¿verdad?

En esta ocasión no se trataba de una enfermedad física, sino que mi padre tenía un Trastorno Límite de la Personalidad, y ello, como puedes imaginar, no es nada fácil de llevar, ni como hija ni como padre.

Por si no sabes lo qué es te dejo este enlace a un artículo que escribió el psicólogo Jesús Matos acerca de los trastornos de la personalidad, aunque en realidad el nombre de la enfermedad da igual porque lo realmente importante no es el diagnóstico sino cómo su manera de actuar afecta a tu día a día como hija, como madre, como pareja, como nieta… y podría seguir.

Siempre me he escondido un poco y he preferido no hablar de estos temas, y sobretodo decidí en su día que como psicóloga no quería dedicarme a tratar trastornos psiquiátricos, pero ¡ay la vida! Ya se sabe que a veces es muy caprichosa.

Y claro, como no podía ser de otra manera, parece que la mayoría de casos con los que estoy trabajando últimamente en las sesiones online  tienen en común que se trata de personas que tenían un familiar con una enfermedad psiquiátrica.

Esto tiene que ser sin duda una señal, ¿será que ya estoy lista para salir del armario y gritar al mundo que la enfermedad mental existe y deberíamos empezar a desestigmatizarla?

Tal vez sí, pero eso si a caso será otro día. Hoy no he venido a luchar por los derechos de los pacientes con enfermedades psiquiátricas, sino que me he decidido a escribir sobre esto porque quiero que sepas que entiendo cómo te sientes, aunque a veces te pueda parecer que estás “sola ante el peligro”.

Creo que lo que mejor describe lo que sientes cuando tienes un familiar o un amigo con una enfermedad psiquiátrica (ya sea esquizofrenia, depresión, trastorno bipolar, trastorno de personalidad etc..) es desconcierto, frustración e impotencia.

Parece mentira pero al final te acostumbras a vivir en un estado de alerta constante.

Nunca sabes cuándo va a cambiar la dirección del viento y va a pasar de ser un día tranquilo a “montarse la de Diós”. Tampoco sabes si lo que te está diciendo lo hace con algún fin que ahora mismo tú no eres capaz ni de intuir, y por supuesto puedes imaginar cuál será su reacción ante algo que hagas tú, pero es probable que lo que acabe ocurriendo no tenga nada que ver con lo que habías imaginado en tu mente.

Esa incertidumbre y  ese estrés constante hacen que vivas en una ambivalencia continua porque le quieres, pero  involuntariamente te hace sufrir tanto que a menudo tirarías la toalla.

Otra vez más me toca decirte que no he venido a traerte un sobre lleno de polvitos mágicos que harán que tu familiar deje de sufrir la enfermedad y todo se calme… ¡ojalá los tuviera! Pero por ahora mis conocimientos de alquimia no llegan a tanto.

Aún así, y aunque sé que hubieras preferido los polvitos mágicos, te traigo las 5 bases para convivir con la enfermedad psiquiátrica de tu ser querido sin que te hagas más daño del necesario.

 

1. NO VA A CAMBIAR

Para mí esto es lo más importante. Aceptar que él o ella no van a cambiar, no porque no quiera, sino porque no puede.

Es de las primeras cosas que trabajo con mis pacientes, que entiendan que haremos todo el proceso juntas, que trabajaremos para mejorar su calidad de vida y que lo conseguiremos, pero que no vamos a cambiar a su familiar.

Es normal que en nuestra imaginación idílica pensemos algo así como…  bueno, tal vez cuando se haga mayor, bueno, tal vez cuando siente la cabeza, bueno, tal vez si dejo de hacer esto o aquello… sé que imaginarte que algún día va a cambiar es lo que te ha dado energía para seguir hacia adelante muchas veces, pero no es verdad.

Una de las partes más duras y difíciles de mi trabajo es decir la verdad. Lo hago con todo el cariño del mundo, con tacto, dulzura, y siempre SIEMPRE con una mirada de comprensión infinita. Pero la digo.

Tal vez sería más fácil seguir alimentando falsas esperanzas porque así conseguiría que la gente siguiera viviendo en su matrix particular, pero sé por experiencia propia que de nada sirven las falsas esperanzas y aunque duela, y mucho, a la larga se agradece que alguien se siente frente a ti y te diga la verdad.

♥ Y la verdad no es otra que ésta: no va a cambiar.

Dicho esto, una vez aceptas que no es posible cambiar a la otra persona, empieza el verdadero trabajo. Ya no tienes una pared de piedra con la que estás gastando energía inútilmente, sino que a partir de ese momento eres libre para empezar a trabajar en ti.

Porque que no podamos cambiar su enfermedad y lo que ello supone, no significa que no podamos hacer nada.

De hecho, está todo en nuestras manos.

Ahora es el momento de empezar a trabajar en ti, en cómo afrontas el día a día, los brotes, los malos momentos y por supuesto también los buenos.

Lo importante no es lo que pasa sino cómo tú decides vivirlo y afrontarlo, y en este tema que nos ocupa, la clave está en cambiar la manera en cómo reaccionas ante las distintas situaciones y el lugar que dejas que ocupe en ti.

No es lo mismo dejarte llevar por el contagio emocional y sentir que te derrumbas con él, que tener las herramientas necesarias para pararlo a tiempo y aprender a relativizarlo, ¿verdad?

 

2. DEJA DE SENTIRTE CULPABLE

Llega el momento de reconocer que va a seguir manipulándote por mucho que intentes que no pase.

Obvio. Si hemos dicho que no va a cambiar, tenemos que sobreentender que vas a seguir sintiéndote manipulada. Es su manera de funcionar, y por mucho que tú intentes pillarle y que le veas venir… a él/ella se le da mejor que a ti.

Cuando esto ocurre es muy normal que te sientas culpable y te preguntes porqué no lo supiste parar a tiempo o  cómo puede ser que te haya vuelto a pasar. No pasa nada. No te fustigues.

Ponerte más presión de la necesaria no te va a ayudar ni va a hacer que todo sea más fácil, al contrario.

Tú lo estás haciendo bien, pero eso no tiene nada que ver con su manera de actuar, por lo tanto deja de sentirte culpable.

En este momento es importante empezar a hacer algunos pequeños cambios, como por ejemplo dejar de tomar decisiones siempre pensando en  las posibles consecuencias.

Cuando creemos que la conducta de los demás depende de lo que nosotros hagamos nos  invade el miedo y la inseguridad, y es un pez que se muerde la cola porque ¿quién puede tomar buenas decisiones ante tanta presión? Casi nadie.

Por eso te propongo que hagas lo siguiente. Intenta que la próxima decisión que tengas que tomar no la tomes pensando en los demás sino en ti misma. ¿Qué es lo que realmente te apetece hacer? ¿Cómo quieres hacerlo? ¿Cómo quieres sentirte?

Sácate de la cabeza la idea de que estás siendo egoísta y empieza a pensar que lo que estás siendo es responsable. Responsable para contigo misma.

Porque si empiezas a pensar un poco más en ti, aunque al principio dé un poco de vértigo, poco a poco te irás sintiendo más fuerte y eso se traducirá en que estarás  segura de por qué haces lo que haces y te sentirás más tranquila.

Cuando tomamos decisiones influenciadas por los demás tenemos muchos números de que las cosas no salgan bien, sin embargo, cuando hacemos lo que sentimos, todo fluye mejor.

 

3. NO ESPERES NADA

Es habitual cuando cuidas de alguien, y más aún cuando convives y te relacionas con un ser querido que padece una enfermedad psiquiátrica, esforzarte al máximo para poder conseguir una contrapartida.

No es que lo pienses conscientemente, pero sí que es normal pensar que si tú haces esto, eso y aquello, la otra persona pondrá de su parte y hará algo que tú esperas.

Puede ser normal, pero en estos casos no te va a funcionar.

Lo que tu pienses y lo que tu esperes del otro es muy probable que no tenga absolutamente nada que ver con lo que la otra persona puede llegar a ofrecerte. Habrá momentos puntuales en los que tal vez coincidáis, pero lo habitual es que su realidad y la tuya no se parezcan en nada.

Por lo tanto, aquí lo más probable es que tú te acabes desgastando, sintiendo una máxima rabia, impotencia y frustración hasta llegar a quemarte.

Como que lo último que quiero es que te quemes y entres en el tan temido Burnout del cuidador, no puedo dejar de decirte una y otra vez: no esperes nada.

Sé que es más fácil decirlo que hacerlo, pero realmente merece la pena el esfuerzo porque cuando empiezas a cambiar el chip y haces las cosas simplemente porque te apetecen y sin esperar nada de los demás, parece que todo se alinea y te sientes más tranquila.

Además, cuando ya no esperas nada acostumbra a ser el momento en el que el otro reacciona y cualquier cosa que te agradece o cualquier respuesta positiva que te da, tu la valoras infinitamente.

Llegar al punto de no esperar nada y a la vez seguir motivada no es fácil, por eso, si sientes que te invade la rabia o la tristeza, no te agobies. Te recomiendo que hagas algunos ejercicios para aprender a diluirla y seguir adelante con tu trabajo personal.

 

 

4. PERDÓNALE Y PERDÓNATE

Durante mis años de trayectoria profesional y también en mi vida personal me he encontrado a gente que le cuesta horrores pedir perdón y a la vez perdonar a los demás.

De nada sirve ni el rencor ni el orgullo.

Por un lado, el rencor te va a impedir perdonar al otro y va a crear en ti un poso de rabia mal gestionada que a la larga va a salir de algún modo u otro, seguramente en el momento menos apropiado.

No te guardes los sentimientos en tu interior sin digerirlos porque te va a pasar como si guardaras agua de lluvia en una botella.

En un principio parece que todo va bien, pero a la larga va a crearse en el interior del recipiente un microclima de bacterias y podredumbre que a medida que pase el tiempo te va a costar más de limpiar. Y oye, aquí estamos hablando que el recipiente eres tu misma o sea que… merece la pena no llegar a ese extremo, ¿no?

Por otro lado, el orgullo hará que no seas capaz de decir “lo siento” o de reconocer que te has equivocado. Todos, absolutamente todos nos equivocamos y es que es a través de los errores que aprendemos las lecciones más importantes y así, poco a poco vamos tejiendo una red de conocimientos que nos va a servir para evitar volver a repetir la misma equivocación en un futuro.

Date permiso para reconocer tus errores, se humilde y perdónate a ti misma.

Estate segura de que volverás a equivocarte en un futuro con otras cosas, forma parte de la naturaleza humana y no pasa nada.

Sé que a veces hay cosas que cuestan de perdonar, de hecho aún recuerdo el momento en el que hice las paces con mi padre para siempre. Él ya no estaba (¡imagínate!) y fue un viaje duro, largo y tortuoso, pero que sin duda mereció la pena.

 

5. LE SEGUIRÁS QUERIENDO

Depende del punto en el que te encuentres respecto a tu relación con tu ser querido, esto que te digo te puede parecer muy difícil.

A veces hay personas que te hacen sufrir tanto que parece mentira que puedas seguir queriéndoles. Otras veces, el amor es tan incondicional que ni te planteas que algún día podrías dejar de quererle.

Querer a alguien que sufre una enfermedad psiquiátrica es muy duro porque en un mismo día puedes pasar del amor al odio en pocos segundos. Es la ambivalencia de la que te hablaba al principio del artículo.

Tal vez queda mal que lo diga así, pero es realmente lo que se siente.

No es mi intención ofender a nadie, al contrario. Solamente quiero compartir y poner palabras a lo que muchas familias sienten y no se atreven a decir en voz alta por el miedo al qué dirán o  porque resulta socialmente poco aceptable.

Pero te voy a decir algo que puede parecerle obvio a alguien que no haya pasado nunca por esta situación, pero que no lo es tanto para las personas que lo viven cada día. Un padre, un hijo, un hermano… por mucho que te hagan sufrir, por mucho que a veces preferirías que desaparecieran (sí, lo sé, duele leerlo pero esto es lo que llegas a sentir), seguirás queriéndole toda la vida, y aunque te parezca que eso significa que tropezarás una y mil veces con la misma piedra, lo harás, y es como tiene que ser.

De ahí que sea tan importante poner en práctica los 4 puntos anteriores, porque si te los vas trabajando bien, y si hace falta buscas ayuda profesional para que un experto te eche una mano, podrás llegar al punto de aceptar ese amor incondicional sin juzgarte a ti misma.

Queda mucho camino por recorrer por lo que respecta a las enfermedades psiquiátricas.

Poco a poco parece que se le va dando más visibilidad a este tipo de enfermedades y a las personas que las sufren, pero ¿qué pasa con los familiares de estos pacientes? Pues por ahora creo que como decía ese anuncio… lo sufren en silencio.

Y qué quieres que te diga, ya va siendo hora de que alguien piense un poco en ellos, en definitiva, en ti y en mi, ¿no te parece?

Núria Jorba
nuria@cuidadorcuidate.com

Soy Núria Jorba, psicóloga especializada en ayudar emocionalmente a personas que cuidan de un familiar enfermo. Si quieres contactar conmigo puedes mandarme un mail, me encantará leerte y ayudarte en todo lo que pueda ;)

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