APRENDE A DILUIR LA RABIA Y LA TRISTEZA

4 ejercicios para gestionar mejor la rabia y la tristeza cuando cuidas de un familiar enfermo

Estás rabiosa, enfadada con el mundo e irritable.

Sabes que no deberías pero no puedes evitarlo, y es entonces cuando llega la culpa y la tristeza… ¡espera! o tal vez no es este el orden… ¿no podría ser que precisamente la rabia aparezca como consecuencia de la tristeza enorme que te invade?

Lo más probable es que toda esta noria emocional que estás viviendo haya empezado con un diagnóstico de una enfermedad a alguien a quien quieres mucho. O tal vez lleves ya tanto tiempo inmersa en ese dichoso carrusel que ya no sabes ni cuando empezó todo.

Pasado el shock inicial que te mantenía paralizada, como cuando en las películas le dan al protagonista  un puñetazo en el estómago y tarda unos segundos en poder  coger aire y volver a respirar, poco a poco vas volviendo en si.

Empiezas a notar cómo te quema la barriga y te sube una sensación de impotencia, rabia, frustración, ira…como quieras llamarla, la cuestión es que parece que dicha sensación se ha instalado en ti y no tiene intención de irse.

No vamos a hacer desaparecer la rabia con una goma de borrar (ojalá), pero si te parece podemos intentar ayudarte a identificarla, entender porqué está ahí y enseñarte un par de herramientas para esos momentos en los que te iría bien una tirita mágica o una copa.

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/QUÉ ES LA RABIA

Para empezar, vamos a definir un poco qué es la rabia.

Según la RAE rabia es sinónimo de ira, la cual define como sentimiento de indignación que causa enojo, vamos, o lo que es lo mismo, algo te provoca rabia cuando hace que te enfades o te irrites mucho.

Habitualmente cuando sentimos rabia tenemos sensaciones corporales que nos avisan. Por ejemplo, es normal que te notes más tensa, que te cueste dormir, que aprietes los dientes, que te entre calor o notes una sensación desagradable en la barriga. Nuestro cuerpo se está preparando para dar una respuesta, está listo para realizar una acción. ¿Cuál? Pues si siguiéramos nuestro instinto seguramente lo que haríamos es romper algo, gritar o mandar a alguien a la mierda… pero nos han enseñado que ésto no se hace, ¿verdad?

La rabia es una de las emociones básicas y tiene la peculiaridad de que junto con la tristeza y el miedo, no está muy bien vista en nuestra sociedad. Parece que debamos esconder que sentimos rabia y hacer ver que todo el día estamos contentos y encantados con la vida.

Pues nosotros estamos totalmente en desacuerdo.

Vamos a matizar.

Con esto no queremos decir que te aconsejamos que empieces a dar rienda suelta a tus instintos y te pongas a chillar y a romper cosas (¡NO!) pero sí que creemos que de nada sirve esconder lo que sientes debajo de la alfombra porque tarde o temprano todo acaba saliendo. Es mejor pues que salga controlado que no que explote sin control alguno.

Aún así, antes de compartir contigo algunas herramientas para controlar la rabia y gestionarla mejor sin tener que esconderla creemos que es necesario parar un momento y hacerte una pregunta.

>> ¿SABES DISTINGUIR LA RABIA DE LA TRISTEZA?

Te estamos viendo por un agujerito y acabas de fruncir el ceño y seguramente crees que sí, que evidentemente sabes distinguir la una de la otra. Pues, si te parece, deja que dudemos un poco de tu respuesta y te expliquemos el porqué no nos la terminamos de creer.

Para ilustrar mejor este punto te proponemos que leas este cuento de Jorge Bucay que te va a ayudar a entender porque a veces confundimos una emoción por otra.

Había una vez un estanque maravilloso.

Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente.

Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la rabia.

Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas las dos entraron al estanque.

La rabia, apurada (como siempre está la rabia), urgida -sin saber porqué- se bañó rápidamente y más rápidamente aún, salió del agua.

Pero la rabia  es ciega, o por lo menos no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró.

Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza.

Y así vestida de tristeza, la rabia  se fue.

Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ninguna prisa (o mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque.

En la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba.

Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la rabia.

Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la rabia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta rabia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la rabia, en realidad… está escondida la tristeza.

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Como ves, es normal que a veces nos parezca que estamos delante de la rabia cuando en realidad lo que hay debajo es pura tristeza. Tenemos tendencia a escondernos detrás del disfraz de la rabia, muy probablemente para no mostrar nuestra debilidad.

Nos obligamos a nosotras mismas a estar siempre bien, a ser capaces de sobrellevarlo todo y evitamos con todas nuestras fuerzas que los demás nos vean flaquear. Porque si tenemos que elegir, preferimos que nos vean de mal humor antes que dar pena y reconocer que nos sentimos derrotadas.

Nos han educado así, y ahora a ver quien lo cambia, ¿verdad? Pues tranquila, que pasito a pasito vamos a intentar cambiarlo aunque sea un poco.

El primer paso sería trabajar para canalizar esta rabia que te invade y saber de dónde viene y a consecuencia de qué. Posteriormente, como quien va quitándole capas a una cebolla, nos centraremos en la tristeza, en su causa y su representación, y buscaremos la solución para dejar que se diluya y finalmente  poder dejar que la herida cicatrice. Eso sí, recuerda que cuando quitas las capas de una cebolla es casi inevitable llorar, pero que esto no te asuste porque llorar significa soltar, y eso es bueno.

 

/ LA RABIA CUANDO CUIDAS DE UN SER QUERIDO ENFERMO

¿Cómo no vas a sentir rabia cuando alguien a quien quieres está enfermo? Lo normal es estar enfadada con el mundo y a punto de morder al primero que te haga un comentario que tú interpretes como que está fuera de lugar ¿o no?

A menudo cuando sentimos rabia ésta está vinculada a la frustración. Nos sentimos impotentes por no poder solucionar algo, porque no somos capaces de lograr nuestros objetivos, o como en este caso, te sientes frustrada porque no puedes curar la enfermedad de tu ser querido y  eso hace que estés rabiosa y enfadada.

Si rascamos un poco más veremos que en realidad esa frustración aparece porque estamos tristes por no poder solucionarlo, por no poder curarlo, por no poder darle la vuelta a algo que nos hace sufrir tanto.

Como siempre te decimos, no podemos hacer que el dolor que sientes desaparezca de golpe, pero vamos a compartir contigo dos ejercicios que te van a ayudar a aliviar esa presión que sientes y que se ha ido acumulando en tu cuerpo transformándose en una rabia e impotencia que te provocan un malestar casi insoportable. ¿Lista?

1. EL DESAHOGO

Encuentra un momento para estar sola, incluso si puedes, sal a andar por el monte o por un sitio en el que no haya demasiada gente. Cuando hayas encontrado un rincón cómodo y solitario cierra los ojos y deja fluir esa rabia que sientes.

  • Visualiza de qué color crees que es la rabia que sientes
  • Tómate tu tiempo y escanea bien las distintas partes del cuerpo hasta que la hayas localizado
  • Ahora asígnale un sonido
  • GRÍTALA hasta que disminuya. Sin miedo, sin tapujos y sin vergüenza (de ahí que te pedía que fuera un sitio un poco solitario).
  • Repite la misma secuencia hasta que notes que la presión va disminuyendo
  • Finaliza el grito con una profunda exhalación.
  • Vuelve a escanear tu cuerpo y hazte consciente de cómo la rabia ha disminuido de tamaño y el color ya es casi imperceptible.

 

2. EL EQUILIBIRIO

En muchas ocasiones la rabia nos desequilibra y hace que  nos desviemos de nuestro rumbo. Para volver a coger el control de tu camino te proponemos lo siguiente:

  • Levántate, cierra los ojos y haz tres inhalaciones profundas
  • Pon los brazos estirados hacia el frente
  • En esta posición dobla una pierna y mantén la postura durante un minuto
  • Si te desequilibras, vuelve a empezar
  • Cuando haya pasado el minuto alterna la postura con la otra pierna
  • ¿Un truco? Cuando más vacía dejes tu mente más fácil te será mantener la postura y el equilibrio

 

 

/ LA TRISTEZA CUANDO CUIDAS DE UN SER QUERIDO ENFERMO

Si antes decíamos que es absolutamente normal estar enfadada con el mundo cuando convives con la enfermedad de un ser querido, y todo lo que ello supone, está claro que con la tristeza pasa exactamente lo mismo.

Ver sufrir a alguien a quien quieres es una tortura que te consume por dentro y haces que no le encuentres sentido a nada.

Habitualmente nuestra tristeza suele estar vinculada con las personas a las que queremos. Si reflexionas descubrirás que siempre que hay una sensación de profunda tristeza, ésta está vinculada a alguien en concreto. De ahí que te proponemos estos dos ejercicios para intentar aliviar esta sensación de pérdida y decaimiento que a veces te invade.

1. DILÚYELA

Vamos a intentar hacer desaparecer poco a poco esa tristeza de manera simbólica.

  • Coge un terrón de azúcar, una cucharita, un vaso de agua, una platito de café y un rotulador
  • Siéntate en una mesa y escribe con el rotulador permanente el nombre de la persona que ahora mismo hace que te sientas triste
  • Deja el azucarillo en el plato y ves echándole encima gotas de agua
  • No tengas prisa, hazlo muy poco a poco
  • Sigue hasta que el azucarillo haya perdido completamente su forma
  • Deja que ese sentimiento de tristeza se diluya como lo está haciendo el azucarillo

 

2. LA CARTA

A veces nos da miedo decir nuestros sueños en voz alta por si eso hace que no se cumplan. Vamos a intentar recuperar un poco de tu inocencia infantil y dejar que fluyan tus ilusiones.

  • Encuentra un momento en el que puedas dedicarle unos 10 minutos a escribir
  • Cuando estés lista escribe la carta a los reyes magos
  • No te pongas filtros y pon todo lo que te gustaría que pasara para que disminuyera tu sensación de tristeza
  • Hazlo con el convencimiento de que se puede cumplir
  • Reléetela y cuando estés lista ponla en un sobre
  • Sal a la calle y tírala en un buzón de verdad
  • Deja que la magia haga el resto

 

/ Y AHORA, ¿CÓMO TE SIENTES?

Es posible que si te has leído los ejercicios del tirón y no los has puesto en práctica no seas capaz de verles la utilidad. Te entendemos, y por eso te proponemos que pases a la acción y  los lleves a cabo.

El primer paso para empezar a sentirte mejor es cambiar lo que estás haciendo, aunque esto suponga salir de tu zona de confort.

Los pequeños cambios son más poderosos de lo que parecen a simple vista.

Encuentra unos minutos para ti e intenta poner en práctica alguno de los ejercicios. Nos encantará saber cómo te has sentido mientras los hacías y después de hacerlos. ¿Nos lo explicas en los comentarios?

Cuidador Cuídate
hola@cuidadorcuidate.com

Somos Núria y Eduardo y queremos ayudarte a superar la tristeza y la rabia para que vuelvas a sonreír cada mañana sin sentirte culpable. Si quieres saber más sobre nuestra historia personal y/o nuestra experiencia profesional puedes visitar nuestra página de "Quiénes somos" y si te apetece charlar con nosotros no dudes en escribirnos un correo, ¡nos encantará saber de ti!

4 Comentarios
  • Verónica
    Publicado a las 08:13h, 10 abril Responder

    Que artículo más interesante, lo voy a poner en práctica y te cuento.
    Muchas gracias
    Besos

  • Lisbeth Mavarez
    Publicado a las 17:08h, 26 mayo Responder

    ¡Holas! Sabias palabras, gracias.
    ¿Cómo se hace terapia a un país entero?

    • Cuidador Cuídate
      Publicado a las 09:58h, 27 mayo Responder

      jeje ¡buena pregunta! Ojalá tuviéramos la respuesta y pudiéramos hacer terapia al mundo entero 🙂

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